“Bonita” y “picante” velada…

Ayer me consagré como pinche de cocina. El horno y dos fogones encendidos, y todo esto al mismo tiempo. Ése en el que me iba bebiendo una refrescante, suavecita, rubita, coronita…Cena peculiar y pintoresca, picante y pringosa, pero muy meticulosa. Nachos con queso fundido y guacamole para chuparse los dedos,y fajitas con carne, ensalada, pimiento rojo, verde y cebolla. Qué receta! Ni la de la abuela! Apuntarlo, porque es perfecto para cuando hagáis una reunión de amiguetes. Y de postre helado de Macadamia, que tan de moda está ahora. Me faltó el baileys con hielo que tenía guardado en mi vitrina de trofeos.
Sin embargo, el tiempo, ése bien tan preciado, nos avisó de que era la hora de trasladarnos a esa pequeña, pero acogedora sala de cine. El título de la película, si me permitís, me lo reservo. Tan sólo diré que casi me juegan una mala pasada ésas que, inesperadamente, salen de los ojos ante un sentimiento concebido.
Sin darnos cuenta, ya había pasado una hora y media y tocaba su fin. Qué bien deberíamos estar cuando el tiempo, ése que nos encorría antes, tan fugaz y sutil había aparecido.
Ahora, tocaba buscar un lugar correspondido con tan entrañable velada. No es fácil, aunque estés en Barcelona. No obstante, vuestras recomendaciones fueron la estrella que guió nuestro camino. Un espacio recogido y calmoso, atrayente y carismático, donde licores y canciones conformaban un rico cócktel de recuerdos y pasiones. La insuficiente luz y los pegadizos temas musicales hicieron de la noche un encuentro fascinante y único. Bueno, dado el trato humano que nos ofreció su propietario he decidido hacerle publicidad y mencionarlo. Su nombre: Lunatic. Podréis encontrarlo entre el Camp Nou y la Avda. Madrid. Hasta un cd con versiones de su bar musical chisposo, humorístico y famosillo, nos regaló. Digo lo de famosillo, porque por allí andaba Gerard Piquè y Jorquera, ambos jugadores del Barça, celebrando el título “copero” con sus respectivas parejas y amigos. Y de allí a dormir, que al día siguiente sonaba el despertador a las 08.00 horas y recuerdo que esta vez no era un sueño, sino sueño era lo que se adueñaba de mi.
